3 de noviembre de 2010

Capítulo I. Segunda parte.

- ¡Haylie! Pero, ¿se puede saber dónde te habías metido? Joder, ¡no hace ninguna gracia! Ya estabamos en lo peor.
- Lo siento, Maggie, me entretuve buscando unas flores silvestres que vi asomar cerca de aquí.
- Ah, ¿y dónde están?
- Oh, las perdí por el camino.
- Ya... eres peor que una niña pequeña, de verdad. ¿No escuchaste al guía? No debemos alejarnos de la carretera. Hay muchos bosques por aquí y podemos desorientarnos muy facilmente.
- ¡Vale, mamá! No volveré a desengancharme de tu brazo. - Le guiñé el ojo mientras puso cara de pocos amigos.
Cuando me di cuenta de que por mi culpa se había retrasado tanto la ruta que casi llegaba a su fin y vi a todos subiendo al autobús, me avergoncé tanto que intenté camuflarme detrás de mi amiga. Imposible.
- Chicos, dadle gracias a la señorita Harrison por volver ya al hotel.
- ¿Por qué no cierras esa enorme bocaza que tienes, capullo?
- Déjalo Mag, no merece la pena.
Al llegar al hotel todos se fueron a cenar a un buen restaurante para celebrar la última noche de vacaciones en el pueblo. Yo no tenía ningunas ganas,quería volver a casa, al trabajo. Dejar de pensar en lo solitaria y asquerosa que se había vuelto mi vida. Pero, de todas formas, acabaría yendo,mi mejor amiga no se merece cenar sin mí, entre gente simpática -bueno, no todos-, sí, pero que sólo conocía de seis días.
- Vamos tardona, ya deberíamos estar en la puerta. - Me dijo mientras cambiaba sus cosas de un bolso a otro.
- Ya voy, sólo falta maquillarme un poco, estoy más pálida de lo normal. - Intenté parecer entusiasmada.
Pero para nada lo estaba, estaba triste, cansada, harta. ¿Por qué? Todo me parecía indiferente, no soportaba a la gente que se interesaba por acercarse a mí, sólo me apetecía estar conmigo misma, y con su recuerdo... Ver todas las noches su fotografía y a una nueva lágrima deslizándose por ella. Acariciar el lado de su cama, comer su helado preferido y dedicarle poemas todavía, imaginando que me da un beso agradeciéndomelo.  Intentaba no ser tan estúpida, mirar hacia delante y centrarme en las cosas que realmente valen la pena. Si me dejó fue por algo, no me convenía, no merecía mi amor... pero, ¿cómo no va a merecer todo esto el único hombre perfecto de la Tierra? No podía ponerme en su contra, aunque me clavara cien cuchillos en el pecho.
La cena se me hizo muy muy larga, todos hablaban de sus familias, de lo contentos que estaban con sus trabajos y, como no, comentarios  atacantes iban dirigidos a mi persona.
- Aguanta Haylie, aguanta. - Me dije a mí misma. Vi la sonrisa de Maggie al mirarme. Por ella soy capaz de hacer los paripés que haga falta. Si yo no soy feliz, quiero, al menos, que ella lo sea.

No hay comentarios: